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Mi historia
No sè si me historia se diferenciarà mucho de la de otros traductores, pero igual siento la necesidad de contarla. Todo comenzò cuando estaba en el preuniversitario “Josè Maceo Grajales”, en Guantànamo, Cuba. Estàbamos a punto de terminar el duodècimo grado y yo que siempre habìa querido estudiar medicina, por razones de la vida, me habìa quedado sin esa opciòn. Entonces, que hacer ahora? Bueno,” Tengo que escoger otra cosa”, me dije; y a los pocos dìas me enterè que habìan llegado carreras de idiomas, solo 9 plazas para todos los preuniversitarios de Guantànamo, para no hacer el cuento tan largo, una de ellas fuè para mi. Todos me preguntaban por què querìa estudiar alemàn? Que era una carrera muy difìcil, que no tenìa nada que ver conmigo y que ademàs tendrìa que mudarme para La Habana y asì, por fuerza, separarme de mis padres, cosa que hasta ese momento nunca habìa hecho. Incluso mis profesores, quienes en realidad querìan que yo estudiara magisterio, trataban de convencerme de lo contrario. Enseñar tambièn es algo que me gusta mucho. Pero era el destino quien estaba jugando sus dados y ganò.
Cuando lleguè a La Habana era como si me encontrase en un mundo totalmente diferente, otro paìs, que sè yo. El caso es que lleguè a dudar de que si habìa tomado la desiciòn correcta, y “ tanto diò el càntaro a la fuente”... que despuès de seis meses, tuve que volver con “el rabo entre las piernas” a la casa de mis padres. Pero ya nada era igual, me faltaba esa libertad, esa posibilidad de expresarme. Y despuès de unos meses de constante cavilaciòn, decidì que lo mejor era regresar a La Habana y enfrentarme al monstruo. Regresè y pasò un año tras el otro hasta que terminè el estudio.
Pero bueno, aquì se trata de mi amor por la traducciòn. A ese intruso lo descubrì ya en el tercer año de la carrera, porque a decir verdad, al principio no me atrevìa a pronunciar ni siquiera una palabra en alemàn. No fuè hasta que comenzamos con la asignatura de traducciòn que empecè a sentirme de manera diferente con respecto a ella, hasta eso momento todavìa tenìa mis dudas. Recuerdo que mis primeras notas no fueron lo que yo espera, no eran malas ni buenas, pero yo querìa las mejores, y las obtuve. Redactar, transformar y darle mi “toque” a los textos sin cambiarles el sentido se fuè convirtiendo en una pasiòn, casi en un reto. Me encantaba saber que estaba creando algo mìo, porque cada traducciòn es diferente y ùnica dependiendo de quien la haga.
A partir del cuarto año, unas amigas y yo hicimos “pràcticas” de traducciòn e interpretaciòn en la Feria Internacional de la Habana, donde conocì a mi esposo. Al terminar la carrera, los que conocen el estado de la economìa cubana me entenderàn, comencè a trabajar como guìa de turismo para la agencia de viajes “Cubanacàn”. Era una manera de sobrevivir sin perder el contacto con mis idiomas. Una vez terminado el servicio social, me trasladè, con todos mis sueños y mi gato, a vivir junto a mi esposo en Wilhelmshaven. Tenìa la esperanza de poder trabajar como traductora para algùna oficina de traducciòn o alguna firma, pero nada de eso ocurriò. Asì que para no perder el vìnculo con mi idioma, retomè una antigua pasiòn y comencè a dar clases de español. Lo que de alguna manera me mantiene al tanto de los posibles problemas de traducciòn e interpretaciòn. Actualmente trabajo para “Inlingua” y debo confesar que me gusta mucho lo que hago allì. Pero no me es suficiente, por eso he decidido abrir una pequeña oficina de traducciòn e interpretaciòn, que ademàs ofrece clases de español, y trabajar de forma independiente. Sè que me estoy adentrando a un laberinto y que lo estoy haciendo sin madeja guìa, por lo que espero encontrar a muchos colegas que me ayuden a hallar el camino correcto. Lo que no pienso hacer, es renunciar a mis sueños, a mis pasiones. Dejarìa de ser yo y dentro de mì morirìa una semilla que aùn no ha tenido la posiblidad de llegar a ser un àrbol, que estoy segura, darìa muchos frutos.


